La implosión científica de Venezuela

por Aleszu Bajak, @aleszubajak
8 de julio 2016
Originalmente publicado en la revista Undark. Traducido por Michelle María Early Capistrán.

Esta semana, se registró el decimosexto robo del año en el Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Central de Venezuela en Caracas. Los saqueadores desarmaron los gabinetes llevándose todo, desde historiales clínicos y muestras hasta computadores y equipos de laboratorio. Es el episodio más reciente del decaimiento de las instituciones científicas en el país, acosadas por un gobierno totalitario fallido y una economía en declive.

El fin de semana pasado, decenas de cabezas de ganado fueron robadas de la facultad de veterinaria de la Universidad de Zulia.

Ahora que muchos venezolanos se enfrentan a una grave escasez de recursos básicos como alimentos, medicinas y electricidad, el saqueo se ha convertido en un hecho cotidiano, y los científicos en algunas de las instituciones de renombre en el país sólo pueden mirar cómo los suministros y equipos funcionales escasean, los salarios son reducidos a cenizas por la inflación y la investigación básica se detiene.

"El robo se ha vuelto una rutina"

"El robo se ha vuelto una rutina", dijo Gioconda San Blas ―bioquímica y presidenta de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela―, que recientemente escribió sobre el saqueo de los laboratorios venezolanos. "Y no sólo se están robando las cosas: se están llevando muestras biológicas. ¿Cómo se reemplaza la herencia biológica de un laboratorio?"

Esta pregunta hubiera parecido absurda hace apenas una generación. En su auge, el país rico en petróleo estaba produciendo científicos célebres como Jacinto Convit —un pionero en la investigación de la lepra nominado al Nobel premio— y Humberto Fernández Morán, inventor del bisturí de diamante que se utiliza en cirugías hasta hoy. Pero los fondos para la investigación científica se han evaporado, y los investigadores venezolanos se enfrentan con decisiones cada vez más duras.

"Las fuentes federales de financiamiento de la ciencia están prácticamente paralizadas debido a una falta de fondos económicos," dijo Alberto Fernández, profesor de química en la Universidad Central. "Estamos viviendo una tragedia."

Gabriel Fraute es estudiante de posgrado en química en la Universidad de los Andes en la ciudad occidental de Mérida. Dijo que tuvo que tomar un trabajo en un restaurante para ayudar a mantener a su familia en lo que intenta terminar su tesis. En el laboratorio, dice, las situación es grave. Prácticamente no quedan reactivos en el país, lo que hace difícil ―si no imposible― realizar experimentos químicos de cualquier tipo.

"Estamos muy atrasados en instrumentos, son viejos muchos dañados y con dificultad para repararlos", dijo. "También es difícil el acceso a las revistas."

"¿Cómo se reemplaza la herencia biológica de un laboratorio?"

El intercambio de conocimientos con el mundo exterior también se ha visto obstaculizada de otras maneras, dice Audy Salcedo, profesor de matemáticas en la Universidad Central. "Un amigo mío, un profesor mexicano que estudia la misma área que yo, ha ido a tres eventos internacionales este año con fondos de su universidad", dijo Salcedo. "Yo no he podido ir a ninguno en los últimos tres años. ¿Cómo discutes resultados? ¿Cómo te mantienes al día?"

Para un número creciente de investigadores venezolanos, la respuesta ha sido drástica: salir del país.

Incluso antes de la crisis actual, San Blas, dijo, las universidades públicas de Venezuela habían estado luchando para operar con presupuestos esqueléticos y aparatos que funcionan a a regañadientes. Sin embargo, los salarios han alcanzado nuevos mínimos alarmantes, y muchos de los científicos más brillantes de Venezuela están saliendo mientras pueden. "Un profesor en la cúspide de su carrera gana 50.000 bolívares al mes", señaló San Blas, agregando que el salario inicial para un científico joven puede ser tan bajo como 30.000 bolívares mensuales.

Los tipos de cambio en Venezuela son famosamente crípticos y complejos, pero a las tasas actuales del mercado negro equivalen a entre $ 50 y $ 30 al mes, respectivamente. Una bolsa de azúcar llega a venderse hasta en 3.000 bolívares. Una resma de papel cuesta lo mismo hoy en día.

"Busqué un postdoc en el exterior", dijo Félix Moronta —―un biólogo venezolano que recientemente se trasladó a su familia a Italia tras encontrar una posición post-doctoral allí― "porque ... mi salario no era suficiente en Venezuela para cubrir las más básicas necesidades de alimentación, salud, educación y vivienda de mi hija".

San Blas no lo culpa. "Si tuviera treinta años menos", dijo, "me habría ido."



Foto: Jaume Escofet via Flickr.