Incendios provocados por El Niño arrasan con el Amazonas

por Erika Berenguer y Jos Barlow
8 de diciembre 2015
Originalmente publicado en The Conversation.
Traducido por Michelle María Early Capistrán

Mientras los líderes mundiales se reúnen en París para discutir las emisiones de carbono, en la Amazonia vemos como los bosques arden sin control, liberando carbono a la atmósfera y destruyendo ecosistemas sensibles y haciendo difícil la respiración.

Cada año hay incendios en el Amazonas, pero el 2015 es excepcional. Hemos estado investigando el tema en la selva alrededor de Santarém, una ciudad en la orilla sur de la Amazonía brasileña, a 800 kilómetros del mar. Durante los últimos cinco semanas hemos despertado bajo un espeso velo de humo. Pasan días en los que escasamente logramos ver el sol. Durante varios días de la semana pasada la visibilidad fue inferior a 50 metros y el sol—alguna vez de color amarillo—amanezaba con tornarse rojo, si es que se dejaba ver. Nuestra ropa y nuestro cabello olían constantemente a humo. Hemos estado viviendo en medio de un asador de 24 horas en el medio del bosque tropical más grande del mundo.

“En tan solo unas semanas, estos incendios han emitido más carbono que toda la economía alemana durante un año entero”

El fenómeno del Niño está contribuyendo al aumento de las temperaturas y los cambios en los patrones de lluvia de este año, lo cuál implica una estación seca más intensa en grandes extensiones de las zonas tropicales generalmente húmedas. Los incendios generalizados en los bosques de turberas del sudeste asiático han liberado grandes cantidades de humo y han contaminado tanto el aire que Indonesia ha establecido naves de evacuación para las personas afectadas. Se estima que en tan solo unas semanas, estos incendios han emitido más carbono que toda la economía alemana durante un año entero.

Aunque los incendios en la región amazónica han atraído menos atención que los de Indonesia, la situación es alarmante. De acuerdo con datos satelitales, se observaron 18.716 incendios en la Amazonía brasileña tan solo en Noviembre. Los incendios han sido provocados, principalmente, por los agricultores que quemas controladas para despejar el monte o eliminar malezas entre los pastos. Sin embargo, estos incendios frecuentemente escapan a la zona en cuestión, invadiendo la selva circundante y quemando la vegetación.

Fuegos en la Amazonía entre 12/2011 y 11/2014. Datos: Fire Information for Resource Management System, EOSDIS, NASA.

Estos incendios pueden parecer pequeños e inofensivos, pero las selvas tropicales—a diferencia de las sabanas o bosques templados—no han coevolucionado con incendios periódicos. Esto los hace especialmente vulnerables. Como resultado, los incendios provocados por el ser humano pueden matar hasta el 50 por ciento de los árboles más grandes y la mayoría de los arboles pequeños.

Todavía no sabemos cuánto tiempo tarda la selva tropical en recuperarse tras los incendios, tanto en términos de biomasa como de biodiversidad. Quizás nunca podrán recuperar su antigua gloria. Averiguarlo es precisamente uno de los objetivos del proyecto colaborativo de investigación del Reino Unido y Brasil que nos ha traído a la Amazonía.

Lo que sí sabemos es que todos esos árboles muertos abren una serie de lagunas en el follaje del bosque, lo que permite que más luz y más viento lleguen al suelo. El bosque se vuelve más cálido y seco y más propenso a quemarse otra vez.

Los incendios también se utilizan para quemar el bosque talado, para que las nuevas áreas deforestadas queden libres de vegetación y puedan utilizarse para la para la agricultura. Cuando se tala y quema tan sólo una hectárea de bosque—una superficie equivalente al área de un campo de fútbol—se liberan alrededor de 300 toneladas de carbono. En términos de emisiones de dióxido de carbono, esto equivale a que un automóvil nuevo le dé la vuelta al mundo 61 veces.

Todo esto se suma. En el pasado año, se deforestaron 583.100 hectáreas de la Amazonia brasileña: eso equivale a muchísimos carros.

El humo y los incendios han hecho la vida muy incómoda, pero para la gente local no hay escape. La nube de humo que cubre diariamente la región tiene graves consecuencias para la salud humana: esto llevó a que 12 ciudades amazónicas declararan un estado de emergencia en octubre. Se han asignado grupos de trabajo para combatir los incendios, pero los recursos son escasos y la región es demasiado vasta. Casi todos los incendios dejan de arder por sí mismos.

El fenómeno del Niño de este año ha demostrado cuán vulnerable es el bosque tropical más grande del mundo ante las sequías extremas, y las previsiones recientes han demostrado que es probable que este tipo de evento se triplique para el año 2100. Si el 2015 se puede utilizar como un ejemplo, esperamos ver más incendios forestales con muchas mayores emisiones de carbono en los países con bosques tropicales.

Si los líderes mundiales en la conferencia climática de la ONU toman en serio el compromiso de limitar el calentamiento global a 2 ° C, deben aprender de este presente nebuloso y actuar de inmediato para proteger las áreas boscosas que quedan en en el trópico húmedo. Si no, nos enfrentaremos a un futuro ardiente.

Erika Berenguer y Jos Barlow son investigadores en la Universidad de Lancaster en el Reino Unido.