Propuestas desde México para enfrentar los retos de las regiones mediterráneas

por Jorge Simancas
15 de junio 2016

Al descender en latitud hacia la península de Baja California la precipitación disminuye, por lo que la vegetación sobrevive principalmente de la humedad de la neblina. Es en el extremo sur de la región mediterránea de Norteamérica, a 250 km al sur de la frontera internacional entre EUA y México en el estado de Baja California, México, donde la vegetación mediterránea da paso a la desértica formando singulares paisajes mixtos de vegetación, y es donde los cirios se encuentran con las manzanitas, los cardones con las artemisias, y es donde a pesar de las condiciones de semiaridez se asentó una moderna región agrícola.

Durante mucho tiempo esta región tuvo un desarrollo económico limitado por la escasa disponibilidad de agua. A mediados de la década de 1970, tras la perforación de numerosos pozos, comenzó un proceso acelerado de cambio al iniciarse la conversión de miles de hectáreas de hábitat natural a campos agrícolas.



Sin embargo, la disponibilidad de agua disminuyó poco después de una década de extracción desmedida, debido al agotamiento de los mantos freáticos y a la intrusión de agua salina. Los inversionistas con mayor capacidad económica han construido nuevos pozos e incluso grandes acueductos que traen agua desde la Sierra; los demás han abandonado sus campos o los han convertido en zona urbana. El gobierno, por su parte, construye plantas desalinizadoras para mitigar la escasez de agua.

San Quintín es un caso ejemplar de los retos que enfrentan las regiones mediterráneas.

El establecimiento de esta región agrícola ha demandado mano de obra que ha sido suplida con miles de trabajadores traídos desde los estados del sur de México, lo que ha propiciado el asentamiento gradual de miles de personas y ha provocado un incremento exponencial de la población, pasando de unas centenas de habitantes a poco más de 50.000 en la actualidad. Este incremento demográfico no solo impone retos en cuanto a la demanda de servicios ―agua, drenaje, pavimentación, disposición de residuos, servicios médicos y áreas verdes, entre otros―, sino también en cuanto a las posibilidades de armonizar el desarrollo urbano con el cuidado del ambiente.

San Quintín es un caso ejemplar de los retos que enfrentan las regiones mediterráneas.



Regiones mediterráneas de América bajo amenaza

Sin importar las fronteras políticas, los problemas de las regiones mediterráneas son los mismos: el sobrepastoreo, los extensos campos agrícolas, las especies invasivas y la urbanización, entre otros factores, han contribuido a la degradación y fragmentación de las comunidades naturales nativas.

En las 5 regiones mediterráneas del mundo, los veranos son cálidos y secos mientras los inviernos suaves y con lluvias, que también ocurren durante la primavera y el otoño. En estas regiones, que se ubican en la cara occidental de los continentes entre los 30° y 40° de latitud norte y sur, la vegetación varía desde bosques a matorrales, y son comunes las especies aromáticas. Destacan por su biodiversidad y flora única, pero también por la fuerte presión humana.

Tanto la región mediterránea chilena como norteamericana están densamente pobladas.

Las regiones mediterráneas de Norteamérica y Chile están consideradas como parte de los 36 hot spots de biodiversidad del planeta. Estas se caracterizan por la presencia de más de 1500 especies de plantas únicas en un área que ha perdido al menos el 70 % de su hábitat original y que enfrenta amenazas extremas. La región norteamericana se caracteriza por sus prominentes bosques de sequoia, chaparrales y matorrales aromáticos, mientras su contraparte chilena por los bosques esclerófilos formados por arboles perennes de tamaño medio con hojas duras y gruesas.

En Chile, plantaciones de eucalipto y pino han sustituido hasta 20,000 km2 de vegetación nativa. Entre 1970 y 1990, se estima que se quemó entre 360 y 600 km2 de vegetación cada año, sobre todo las plantaciones de Pinus radiata ― conífera norteamericana adaptada al fuego. Estos incendios también afectaron a la vegetación nativa. En la porción mediterránea de EUA, la intensidad y la frecuencia de los incendios no solo han afectado a miles de hectáreas de vegetación, sino también a zonas residenciales. Algunos estudios señalan que esto es producto del manejo humano en su intento de suprimir los incendios, mientras que otros no están de acuerdo.

La urbanización y el crecimiento demográfico son otras amenazas graves. Tanto la región mediterránea chilena como norteamericana están densamente pobladas. En el primer caso esta alberga cerca del 80 % de los habitantes de Chile, mientras que en el segundo, alberga a megalópolis como Los Ángeles y San Diego en EUA y Tijuana en México.



Jardines botánicos como herramienta para la conservación

En los jardines botánicos encuentran refugio aproximadamente 1/3 (~ 80,000) de las especies de plantas vasculares conocidas, por lo que son importantes para la conservación de la biodiversidad. También funcionan como punto de divulgación del conocimiento del entorno natural, con lo que contribuyen a su valoración.

En un intento de ayudar a la conservación de los ecosistemas del mediterráneo de Baja California, el Jardín Botánico San Quintín fundado en 2016, además de representar los hábitats costeros de la región, organiza recorridos interpretativos a áreas naturales y colabora con investigadores e individuos. Esto con el propósito de dar a conocer el valor de la vegetación nativa, promover su uso en las zonas urbanas y para dar respuestas rápidas a las amenazas a la conservación de los hábitats nativos. Esperamos que estos esfuerzos sirvan de inspiración para actuar en la conservación de los ecosistemas de otros sitios.

Jorge Simancas es un conservacionista que trabaja en el noroeste de Baja California. Es observador de fauna marina en los mares del mundo y es cofundador del Jardín Botánico San Quintín. Su carrera científica ha ido de lo micro a lo macro y de las plantas a los animales. En su tesis de maestría evaluó la calidad del hábitat durante la época no reproductiva de la Branta negra en la bahía de San Quintín, Baja California. Trabajó en varios inventarios forestales, tanto estatales como nacionales y fue uno de los líderes del proyecto de la comunidad de roedores de la Reserva Natural Valle Tranquilo. Jorge es coautor de la guía de "Mamíferos. Reserva Natural Valle Tranquilo y RN Punta Mazo".