La industria salmonera en Chile: estrangulada por un bloom de algas

por Aleszu Bajak
11 de marzo 2016
Originalmente publicado en la revista Undark. Traducido por Michelle María Early Capistrán.

A principios de este año, el calentamiento del océano frente a las costas del sur de Chile estimuló un florecimiento de algas que ha arrasado con las granjas de salmón que franjan los pintorescos fiordos de la Patagonia. Sin embargo, lo que más preocupa a los compradores internacionales de pescado (y de paso ha hecho desplomar las acciones) es que la floración parece ser permanente.

Los criadores de salmón están sumando sus pérdidas. Hasta esta semana los florecimientos han asfixiado o envenenado a más de 20 millones de peces; la causa exacta se sigue debatiendo. Esto representa el 15 por ciento de la producción anual de salmón en Chile, y las cifras siguen en aumento.


Una salmonera en la patagonia chilena. Sam Beebe via Flickr.

“Sigue prevaleciendo este fenómeno de altas temperaturas e irradiación solar,” dice Humberto Fischer, director de AquaChile, que ha reportado 2.3 millones de salmones muertos. Esto representacasi el 10% de la producción de la empresa, con un valor reportado de $15 millones de dólares. “Este evento aún no ha terminado”.

Los científicos todavía están tratando de comprender los mecanismos exactos mediante los cuales el fitoplancton implicado en esta floración de algas en Chile mata a los peces. Parece que hay varias posibilidades. En primer lugar, la rápida proliferación y descomposición del plancton fotosintético puede consumir el oxígeno del agua, sofocando eficazmente a los peces. También es posible que la colonia masiva de algas produzca neurotoxinas como las brevetoxinas, que pueden ser mortales para los peces. Por último, los peces se podrían estar sofocando no solo por el agotamiento del oxígeno en el agua, sino también por una acumulación de mucosidad en los branquios asociado a las floraciones de algas.

Sea cual sea el mecanismo, Pseudochatonella verruculosa —lo que un equipo de científicos chilenos y noruegos ha identificado como responsable de esta floración— y su primo de apariencia similar Chattonella, han sido implicados históricamente en muertes masivas de peces en todo el mundo. Se reporta que en 1972 Chattonella mató a 14 millones de jureles en Japón, con pérdidas de millones de dólares. En 1998, apareció por primera vez en el Mar del Norte, y para 2001 había matado a 1.100 toneladas de salmón. Pseudochattonella verruculosa, clasificada inicialmente en el género Chattonella, fue detectado por primera vez cerca de las salmoneras chilenas en 2004.

El presente florecimiento de algas es el último contratiempo en lo que ha sido un año difícil para las granjas de salmón en Chile.

En el mercado globalizado del salmón, las pérdidas revelan las vulnerabilidades a las cuales se enfrenta la acuicultura no sólo en Chile, sino en todo el mundo. Si come salmón cultivado en los Estados Unidos, por ejemplo, es casi seguro que ha comido salmón chileno. Chile es el segundo productor mundial de salmón cultivado, justo detrás de Noruega. Los EE.UU. importa más de 100.000 toneladas de pescado de Chile cada año; esto es aproximadamente un tercio de todo el salmón de cultivo importado anualmente.

El presente florecimiento de algas es el último contratiempo en lo que ha sido un año difícil para las granjas de salmón en Chile. En abril pasado, los restos de la erupción del volcán Calbuco de Chile mataron a un estimado de 20 millones de salmones, en su mayoría juveniles. En octubre, Chile impuso su mayor multa jamás registrada a la empresa de cultivo de salmones Los Fiordos por violaciónes ambientales y sanitarias. Sin embargo, el mayor sacudón —aparte del terremoto de magnitud 8,3 en septiembre— se produjo el pasado julio, cuando el gigante minorista de E.E.U.U., Costco, canceló la mayoría de sus contratos de chilenos a favor de salmón noruego, citando el uso excesivo de antibióticos en Chile. Como resultado del conjunto de estos problemas, la producción de salmón en Chile se contrajo en un 16 por ciento.

El mes pasado, en un esfuerzo por advertir a los inversionistas, los productores de salmón en Chile le informaron a los reguladores de valores y seguros del país acerca de la floración de algas. También contactaron a sus aseguradoras, aunque no todas las empresas tienen un seguro que cubra las pérdidas asociadas a las algas tóxicas.


Una floración de fitoplancton en el Mar de Barents al norte de Noruega en 2004. Foto por Jacques Descloitres, MODIS Rapid Response / NASA / GSFC.

"Es probable que este evento sea la pérdida más grande que haya golpeado el mercado de seguros en la acuicultura", dijo Daniel Fairweather, director de la aseguradora y consultoría de riesgos para acuicultura y pesquerías Willis Towers Watson. Fairweather estima que las pérdidas de salmón de Chile a partir de este evento podrían oscilar de entre 37,000 y 80,000 toneladas, y que las aseguradoras probablemente pagarán $ 175 millones a los productores de salmón que hayan comprado la cobertura del seguro de biomasa. A nivel mundial, sólo el 3 por ciento de las piscifactorías están asegurados, dijo. Ese número es mucho mayor en Chile, pero no todas las empresas tienen cobertura. Eso es poco aconsejable en un país propenso a terremotos, tsunamis, volcanes y las mareas rojas, como se conocen comúnmente estos brotes de algas, dice Fairweather. "Francamente, en Chile es una locura no estar asegurado."

Uno de los primeros informes, presentado a principios de este año por el productor de salmón Multiexport, cita pérdidas "importantes" de peces, pero no proporciona ninguna cifra firme. A finales de febrero, sin embargo, la empresa Marine Harvest reportó casi tres millones de salmones muertos, mientras que los competidores Camanchaca y Blumar contabilizaron 1.5 millones y 110,000 peces, respectivamente.

¿Cómo van a deshacerse de tantos peces muertos? De acuerdo con la publicación industrial Intrafish, el plan actual es tirarlos 60 millas náuticas mar adentro.



Aleszu Bajak es fundador de LatinAmericanScience.org y es escritor en Undark, una revista que explora la intersección de la ciencia y la sociedad basada en el programa de Knight Science Journalism en M.I.T. También escribe independientemente para the Washington Post, Nature y Science y dicta clases de periodismo, diseño, visualización de datos y programación de Northeastern University y Brandeis University.